Autor: Aldo Scarpa
Toda clase social dominante conquista su hegemonía, su dirección, si logra que las otras clases y grupos de la sociedad vivan, piensen y sientan a partir de sus puntos de vista particulares. Si logra que sus intereses de clases aparezcan en la conciencia de las otras clases como los intereses generales de la sociedad. Esta metamorfosis es una constante en la historia de toda sociedad dividida en clases sociales. Cuando esto ocurre las crisis del orden social dominante adquieren la apariencia de crisis de toda la sociedad, más aún de crisis de toda sociedad humana concebible. Así las desgracias de las clases dirigentes son las desgracias de toda la sociedad; el acotamiento de su horizonte histórico debe transformarse en falta de horizonte de toda la sociedad; su pesimismo como clase deviene indefectiblemente pesimismo sobre el futuro del hombre en general, falta de confianza y el descreimiento en el ser humano como posible constructor de un futuro mejor.
Alcanzar este objetivo exige una operación cognoscitiva de proyección filosófica: generalizar lo particular y particularizar (considerar excepción, extraordinario) lo que son tendencias generales. Esto supones recurrir a generalizaciones superficiales, construir un “sentido común” por el cual lo que suele ser sólo una apariencia de la realidad (un ropaje que la encubre y distorsiona) deviene verdad absoluta, indiscutible, por la sola repetición y negación de todo análisis más profundo y reflexivo. Por este camino la vulgarización adquiere la imagen de conocimiento profundo y serio. No es una extravagancia esta afirmación. Hagamos un corte en cualquier período de la historia, en cualquier región o sociedad y nos encontraremos con fenómenos de este tipo, con hechos y episodios que confirman esta afirmación.


[...] Sobre el significado de ciertas “verdades absolutas” [...]