“..nada de lo humano me es ajeno” citaba Marx a Terencio, mientras nos brindaba toda la profundidad de su pensamiento.
Exposición de Aldo Scarpa en la Mesa Redonda “Marx Vive” el viernes 17 de junio en la Sala de Actos de la Facultad de Arquitectura
Marx Vive
El 17 de marzo de 1883 en breves y sencillas palabras Federico Engels realizó previsiones que, una vez más, se cumplirían y afirmaciones de una rigurosidad científica aleccionadoras para nuestra época. Esto es, cuando ante la tumba de Marx despedía a su amigo convencido de que su nombre viviría “a través de los siglos, y con él su obra”. En sus palabras destaca que su muerte era una enorme pérdida para las ciencias históricas y para el proletariado universal. En el primer caso asignaba a Marx el mérito de haber descubierto la ley del desarrollo de las historia humana a saber, que las condiciones de producción de los medios de vida materiales son la base sobre las que se desarrolla la superestructura política, ideológica, espiritual de una época. A lo que habría que agregar el descubrimiento de la plusvalía, la ley que mueve el modo de producción capitalista; y su concepción de la ciencia como fuerza histórica revolucionaria. Sin embargo, esta sería una imagen incompleta de Marx. El objetivo de su vida fue el derrocamiento de la sociedad capitalista y contribuir a la emancipación de la clase obrera. “Marx era, ante todo, un revolucionario”, decía Engels. Por eso creemos que son necesarias jornadas como la que hoy organiza la revista “Que Hacer” y las Fundaciones Vivian Trias y Rodney Arismendi. En primer lugar, porque siempre es importante reflexionar sobre las obras de los grandes pensadores de la humanidad. En segundo lugar, porque aún está en el orden del día la superación del capitalismo y la emancipación de los trabajadores que, como enseña el materialismo histórico, no es obra de la fatalidad o de fuerzas oscuras sino el producto de la lucha consciente de los trabajadores. La historia es construcción del hombre. Marx sintetizaba en su persona al pensador profundo, al científico riguroso y al hombre de acción. Estos dos aspectos inseparables de la actividad humana, teoría y práctica, su mutuo fecundarse conducirá a los objetivos proclamados por Marx. Desde este punto de vista el recordar a Marx a 187 años de su nacimiento no puede limitarse a un puntilloso repaso de sus descubrimientos científicos, sus aportes teóricos, sus enseñanzas políticas. Esto supondría una “infidelidad” a Marx, a su método. Se hace necesario aquilatar la experiencia del movimiento obrero internacional en más de un siglo de luchas, tener presente los aportes de los jefes del proletariado continuadores de los fundadores de la nueva concepción del mundo, los nuevos descubrimientos científicos, las experiencias de construcción del socialismo y el capitalismo en la actualidad. Tarea como se ve inaccesible a nuestros conocimientos y nuestras fuerzas. Sólo intentaremos detenernos y reflexionar sobre algunos aspectos de la realidad a la luz del marxismo. Vivimos tiempos en que, con ayuda de la ciencia y la técnica, se agiganta el poder del hombre sobre la naturaleza y su capacidad de organizar adecuadamente la satisfacción de sus necesidades. Se generaliza la opinión de que el conocimiento es un elemento básico para el desarrollo, que la ciencia se liga cada vez estrechamente con la producción o sea que, como previera Marx, las ciencia deviene en fuerza productiva directa. Por otra parte, es moneda corriente hablar de “globalización”, de que el desarrollo de la economía, de la técnica, de los medios de comunicación y transporte han “achicado el mundo”, referencias a la “aldea global”, etc. Cuestión de todos los días es tomar contacto con análisis y estudios sobre como la producción y el comercio se entrelazan cada vez más estrechamente a nivel internacional, la constatación de que los procesos económicos de las zonas más distantes del globo repercuten directamente en la economía de los países de este hemisferio, etc. Las investigaciones confirman también la existencia de un pequeño grupo de capitales trasnacionales y de grandes potencias capaces de dominar la economía mundial. De otra parte, se concluye que mientras el hombre nunca antes fue capaz de crear los actuales niveles de riqueza jamás existió en la tierra la pobreza de nuestros días (es claro que la pobreza es un fenómeno histórico, relativo). Todos los análisis coinciden en que más de las dos terceras partes de la población mundial y de los países viven en el subdesarrollo. Pero, ¿Qué está ocurriendo? Los análisis nos muestran un iceberg. ¿No reclamaría el criterio científico bucear en las causas y tendencias profundas de estos procesos? En general no parece ser esta la actitud de los estudios sobre el tema. Antes bien, se declara apresuradamente la defunción o en el mejor de los casos el carácter insuficiente del marxismo. Creemos que esto no responde a un posicionamiento político e ideológico desinteresado. Tampoco en este caso cabe la neutralidad. Lo que está ocurriendo en un nivel cualitativamente superior, es que las fuerzas productivas continúan su irresistible desarrollo provocando la socialización cada vez mayor de la producción; en tanto las riquezas producidas siguen acumulándose en un número cada vez más reducido de grandes capitalistas internacionales. Es decir, el mundo actual confirma de manera irrefutable dos previsiones geniales de Marx sobre el desarrollo del capitalismo. De un lado, la contradicción más general y por lo tanto fundamental del capitalismo: el carácter cada vez más social de la producción como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas; y la apropiación individual de estas riquezas, expresión de las relaciones de producción burguesas predominantes. Y, derivación directa de éste segundo polo de la contradicción la tendencia a la concentración creciente del capital provocando el surgimiento y fortalecimiento de un puñado de asociaciones internacionales de capitalistas siempre más poderosas. El estudio del marxismo echa luz sobre los que está ocurriendo, sobre el porque existiendo posibilidades como nunca antes para conquistar la libertad y el bienestar del hombre, éste esta asolado por la pobreza, la violencia las desgracias do todo tipo. No es casual entonces el “olvido” o la “reformación” de Marx propio de nuestro tiempo, pues la aceptación de estas tesis tiene consecuencias políticas e ideológicas directas. Sobre las mismas Marx escribió con precisión. Algunos textos clásicos como el propio “Manifiesto” o “Futuros resultados de la dominación británica en la India”, las desarrollan brillantemente. De forma más general en el “Prólogo de la contribución a la crítica a la economía política” leemos: “Al llegar a una determinada fase de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de ésta, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desarrollado hasta allí. De forma de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre una época de revolución social”. Está claro que esto no supone ningún determinismo, ninguna transformación automática de la realidad. Tampoco el preestablecimiento de un índice que mide el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas que se puede alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas continuarán desarrollándose y con este desarrollo se profundizarán más y más las contradicciones del sistema con las correspondientes consecuencias. La cuestión sigue siendo el hombre y la resolución de la contradicción obra de la humanidad, con todas las vicisitudes de su actividad. Se trata de toda una época histórica. Por eso agrega Marx: “la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar pues, bien miradas las cosas, vemos que estos objetivos solo brotan cuando ya se han o, por lo menos se están gestando, las condiciones materiales para su realización”. ¿Qué ha sido sino la historia de los últimos ciento cincuenta años en que millones y cientos de millones de hombres con aciertos, errores y derrotas se propusieron superar el capitalismo signando nuestra época? ¿Acaso la obra de aventureros y voluntaristas? Creemos que una respuesta afirmativa a esta pregunta no tiene nada que ver con el método de Marx. Un estudio aparte reclamaría la caracterización de la etapa actual del capitalismo; la cuestión del imperialismo. Lenin “el más grande teórico reciente” de la filosofía de la praxis según Antonio Gramsci, fue quien estudio a partir del marxismo el capitalismo monopólico o imperialista sin realizar concesión alguna a la ideología burguesa. El definió el lugar histórico del imperialismo: la fase superior y última del capitalismo. Sin embargo, sobre este tema también se procura reestablecer corrientes políticas e ideológicas de principios del siglo veinte como una novedad. Aquí basta apegarnos al método marxista; el estudio del desarrollo histórico, concreto, del mundo real. En este sentido los últimos quince años hablan por si solos: las guerras en Irak, la guerra en la ex Yugoslavia, las invasiones “humanitarias”, la invasión a Afganistán, el conflicto Árabe- Israelí, las amenazas a Irán y a Corea del Norte, el Plan Colombia, la continuación del bloqueo a Cuba, la conspiración y los intentos de golpe de estado en Venezuela, y muchos etcéteras más. Evidentemente con la desaparición de URSS y el bloque socialista las potencias capitalistas (y a no engañarnos, no sólo los EEUU), deben de encontrar una nueva justificación ideológica que encubra la necesidad inherente del armamentismo y la guerra propias de la economía del capitalismo monopolista que impulsadas por la necesidad crearon una nueva fuerza capaz de “conducir al caos generalizado a la humanidad” y que vino a sustituir al “satánico comunismo del este”: el terrorismo. ¿Acaso nada tienen que ver estas demostraciones de fuerzas y conflictos entre las potencias capitalistas con el desarrollo de los monopolios?. ¿Nada tienen que ver con la necesidad de repartirse el mundo y las zonas de influencia entre las potencias? La imposibilidad de paz duradera bajo el capitalismo, ¿no está determinada por el desarrollo desigual de los países poderosos de sus economías, de los grandes monopolios que antes de ayer provocaron el cuestionamiento de la dirección británica por el surgimiento de nuevas potencias, que ayer provocaron la hegemonía norteamericana y que hoy esta hegemonía es disputada por Japón, por la proyectada Unión Europea, etc? El mundo actual confirma la valoración de Lenin sobre el imperialismo “en el aspecto político el imperialismo es en general, una tendencia a la violencia y a la reacción”. Y en el momento presente de América Latina no tenemos derecho, por el contrario sería una irresponsabilidad política no tener en cuenta este aspecto de la realidad. Cuando los pueblos del continente crean las condiciones y optan por avanzar a través de la vía democrática a la liberación nacional y al socialismo el imperialismo norteamericano muestra su real cara. Fijémonos en los pretextos políticos e ideológicos que esgrime para justificar posibles intervenciones futuras en estos procesos. Si antes se arrogaban el derecho de intervención contra gobiernos supuestamente no electos democráticamente; hoy, cuando en muchos países asistimos a un serio desquebrajamiento del esquema de dominio político tradicional, amplían aquel derecho proclamando por boca de Condoleeza Rice, esa fiel servidora del imperio, que no bastan gobiernos electos democráticamente es necesario que “gobiernen de forma democrática” so pena de ser valga el eufemismo, “monitoreados”. Sin embargo, a pesar de los grandes descubrimientos de los fundadores del marxismo y de los aportes de los teóricos posteriores, somos testigos de cómo viejas concepciones refutadas teórica y prácticamente resurgen, se rejuvenecen y difunden ampliamente como nuevos descubrimientos de la época. Es notorio que estamos en presencia de una basta operación ideológica a nivel de masas y de la intelectualidad. ¿Por qué adquirió tal poder de expansión? Sin duda, nuestras derrotas políticas en el campo internacional y por tanto con dimensiones de época histórica y los retrasos teóricos coadyuvaron. Sin embargo, no debemos olvidar un tesis básica del marxismo, la ideología predominante de una época es la ideología de la clase económicamente dominante. Ya en “La ideología alemana” Marx decía: “ la clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone también de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan las ideas de quienes carecen de los medios necesario para producir espiritualmente”. Esta operación reviste características particularmente compleja en tanto presenta dos caras bien definidas, no obstante lo cual los resultados generales son análogos: la imposibilidad de superar el capitalismo, la posibilidad de una transformación positiva del mismo y la inviabilidad de proyectos generales que promuevan perspectivas revolucionarias en los pueblos. En un caso se trata de la tendencia abiertamente reaccionaria que manifiesta su misión de luchar contra el marxismo, los movimientos de los trabajadores, denigrar las bregas democráticas, etc. La otra tendencia se presenta de forma más sutil, desentrañar su real significado político y social se hace más complejo. En ocasiones asume la apariencia de una radicalidad rayana con la crítica implacable del mundo existente o el aspecto de un democratismo absoluto; esta características la pueden tornar atrayente. Pero en fin, no proporciona más que escepticismo y esterilidad. El camino es trillado, se sustituye la dialéctica por un relativismo chato y se da paso al eclecticismo y a tendencias idealistas. Sobre estos temas Gramsci nos legó indicaciones precisas en cuanto a la conducta a seguir y en lo referente a la significación histórico social del marxismo. Decía: “para la filosofía de la praxis, las ideologías no son ciertamente arbitrarias; son hechos históricos reales que es preciso combatir y develar en su naturaleza de instrumento de dominio, no por razones de moralidad, etc., sino justamente por razones de lucha política, para tornar intelectualmente independientes a los gobernados de los gobernantes, para destruir una hegemonía y crear otra, como momento necesario de la subversión de la práctica”. Detengámonos en el carácter profundamente democrático que Gramsci atribuye al marxismo en el sentido más profundo de la expresión. Es decir, la filosofía de la praxis propugna transformar a la clase obrera en “intelectualmente independiente”, en “clase para si” y construir un nuevo poder hegemónico, de los grupos subalternos, la más completa democracia. Pues el revolucionario italiano sostiene que el marxismo a diferencia de las otras ideologías, “inorgánicas en tanto que contradictorias” ya que se dirigen a conciliar intereses opuestos, “no es el instrumento de gobierno de grupos dominantes para tener el consentimiento y ejercitar la hegemonía sobra clases subalternas, sino que es la expresión de estas clases subalternas que desean educarse a si mismas en el arte de gobierno y que tienen interés en conocer todas las verdades, aún las desagradables, y evitar los engaños (imposibles) de la clase superior y tanto más de si mismas”. Este democratismo está estrechamente vinculado al marxismo desde sus orígenes. Según Lenin en el marxismo no hay nada de sectarismo. Nose trata de una especulación intelectual que produjo una teoría absolutamente original. Surge del propio desarrollo histórico de la sociedad y es continuación directa del pensamiento avanzado de la humanidad. Agregamos, es el heredero legítimo de los principios revolucionarios y democráticos, de los procesos revolucionarios que, en particular a partir de los siglos XVII y XVIII han transformado el mundo. Es la culminación del proceso de elaboración intelectual que proporciona a la clase obrera y las masas populares, que a partir de aquellas revoluciones irrumpían en la palestra mundial con protagonismo creciente pero aun con anhelos imprecisos y aspiraciones utópicas, una concepción científica del devenir histórico. Es el producto de la acción y la experiencia del proletariado internacional, su arma espiritual. Ya en el “Manifiesto” Marx y Engels afirmaban que la liberación de la clase obrera no era obra de grupos iluminados sino de los propios obreros. Y establecían que, “el primer paso de la revolución obrera será la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia”. E incluso se planteaban “finalmente, los comunistas laboran por llegar a la unión y a la inteligencia de los partidos democráticos de todos los países” (es evidente que esto último hay que ubicarlo en el contexto político de la época). Más, como se ve Marx pone en el mismo nivel y como un mismo proceso la toma del poder por el proletariado y la conquista de la democracia. Por supuesto que en Marx no cabe la contradicción metafísica y vulgar entre el dominio de una clase, su dictadura y la democracia. Aquí la dictadura no tiene nada que ver con el poder, los caprichos y los excesos de una particular individualidad histórica, producto del entrecrusamiento de las necesidades del desarrollo histórico y las consecuentes casualidades caminos azarosos que hacen al devenir histórico real. Se trata de la dictadura de una clase. Desde este punto de vista dictadura y democracia son inseparables, están indisolublemente unidas. La dictadura en tanto organización política estatal para el dominio de una clase; la democracia como una de las formas posibles de organizar ese estado. Por lo tanto mientras hayan clases antagónicas habrá estado en tanto instrumento del dominio político de la clase dominante, si existe democracia es porque hay un estado instrumento de esta dictadura factible de ser organizado democráticamente. El día que la democracia en tanto poder del pueblo sea realizable, se suprima la política en tanto actividad particular de un grupo de individuos para convertirse en la forma de vida del hombre, la democracia será superflua. Para Marx la construcción de una sociedad sin explotación no era el producto de un invento genial, sino la obra de la humanidad en su proceso de humanización. Superar el capitalismo y la explotación de clase implicaba un largo y doloroso camino y no un acto súbito. Era necesario un prolongado período de transición entre el modo capitalista de producción y el modo de producción comunista: era necesaria la dictadura del proletariado que al mismo tiempo creaba las condiciones para la más completa democratización de la sociedad imprescindible para el triunfo del nuevo modo de producción. La comuna de Paris permitió a Marx esclarecer y precisar más aún este descubrimiento; el proletariado no sólo debe tomar en sus manos la máquina del estado burgués, debe destruirla y crear su propio poder estatal. En carta a Weydemeyer es de una claridad meridiana sobre la cuestión. En la misma dice que no debe atribuirse el mérito de haber descubierto la lucha de clases, otros hombres de ciencia ya la habían descubierto antes. Lo que se atribuye como aporte propio original es: “1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas del desarrollo de la producción. 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por si más que el transito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases…” Naturalmente, estas tesis geniales repetidas sin tener en cuenta el desarrollo de la realidad concreta, nunca darán como resultado la liberación de los trabajadores. Este objetivo exige su aplicación al curso real de los procesos. En esta aplicación las formas de organización de los estados no es un tema menor. El marxismo no es indiferente a la legalidad y la democracia burguesa. En el mismo “Manifiesto” se plantea la lucha por el sufragio universal, por la democracia como una de las tareas de primer órden del proletariado. Sobre esta cuestión los fundadores de la nueva concepción del mundo volverían en distintas ocasiones. En “El Origen de la Familia…” Engels tras detallar el proceso de surgimiento y alcanzar una definición sobre el estado, afirma que la república democrática es le forma más elevada del estado y a través de la cual el capital ejerce el poder indirectamente, “pero de un modo más seguro” pero al mismo tiempo es la forma estatal en que puede darse la batalla final entre la burguesía y el proletariado. La clase obrera realiza ampliamente su experiencia política y a medida que va madurando, dice Engels, “se constituye como un partido independiente, elige sus propios representantes y no los de los capitalistas. El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca más en el estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas que deben hacer”. En palabras de Marx el sufragio debía convertirse de medio de engaño que había sido hasta aquí, en instrumento de emancipación”. Ya en el prefacio de 1892 a “La situación de la clase obrera en Inglaterra” Engels constata los primeros éxitos y sintetiza las primeras enseñanzas de esta posible vía al socialismo. Ahonda aún más en el tema en la introducción a “Las luchas de clases en Francia…”. Analizando el caso alemán definía que la tarea era la de concientización de las amplias masas en tanto las protagonistas de la revolución socialistas. Esto suponía un trabajo lento y prolongado de propaganda y actuación parlamentaria. El partido alemán marchaba a la cabeza y con éxito en esta experiencia. Engels se cuidaba de absolutizar este camino, Alemania era un caso particular. Insistía en que la clase obrera de estos países no podían ni debían renunciar a la vía revolucionaria “tradicional”, pero donde fuera posible recorrer este camino había que hacerlo, esa debía ser la conducta de los partidos marxistas. Esta definición de Engels se basa en su comprobación de que los revolucionarios “…prosperamos mucho más con los medios legales que con los ilegales y la subversión. Los partidos del órden, como ellos se llaman, se van a pique con la legalidad creada por ellos mismos”. Por eso en Alemania se trataba para Engles de “…mantener en marcha ininterrumpidamente este incremento , hasta que desborde por si mismo el sistema de gobierno actual”. Sin embargo, nada de ingenuidad política asaltaba a Engles, advertía incesantemente ante el peligro de caer ante las provocaciones de la burguesía que buscaba en la lucha frontal y en la ruptura de su propia legalidad el único medio para detener y hacer retroceder a la clase obrera. Enseñaba por el contrario, que la tarea principal era conservar intactas las fuerzas acumuladas, “…hasta el día decisivo”. (Obsérvese la radical diferencia entre el avance hasta este “día decisivo” pronosticado por Engels y el “movimiento sin objetivo” del camino socieldemocrata”. También Lenin desde muy temprano, en “Dos Tácticas…” por ejemplo, se había detenido en le tema de la democracia. En debate con los neoiskristas Lenin propugnaba la hegemonía del proletariado ruso en la revolución democrática en oposición a la subordinación de los obreros a la burguesía democrática propia de la táctica de aquellos. Enfrentaba a populistas, anarquistas y “economistas” que negaban o menoscababan la lucha por la libertad. La libertad política, decía, le es necesaria al proletariado más que a nadie. En “El Estado y la Revolución” vuelve a plantear la cuestión de la democracia. Insiste en que la forma de opresión que adquiere el estado no es indiferente para los marxistas: una forma de opresión de clase y de lucha de clases más amplia más libre, facilita enormemente la revolución proletaria. Y teorizando sobre los posibles caminos de profundización de la democracia afirmaba: “el desarrollo de la democracia hasta sus últimas consecuencias, la indagación de las formas de este desarrollo, su comprobación en la práctica, etc.: todo esto forma parte integrante de las tareas de la lucha por la revolución social. Por supuesto, ningún democratismo da por resultante el socialismo, pero en la práctica el democratismo no se toma nunca `por separado¨, sino que se toma siempre ¨en bloque¨, influyendo también sobre la economía, acelerando su transformación y cayendo el mismo bajo la influencia del desarrollo económico, etc. Tal es la dialéctica de la historia viva”. Obsérvese la profundidad y el alcance del pensamiento de Lenin, su dimensión universal; en vísperas de la revolución en un país monárquico donde era por lo menos arto difícil esperar un tránsito democrático en una obra destinada al más duro combate ideológico sobre la concepción marxista del estado en tanto instrumento de poder de clase, en esas circunstancias, es capaz de esbozar ideas de una fecundidad enorme para la experiencia de lucha del proletariado internacional. Es probable que la constatación de esta profundidad de pensamiento expliquen afirmaciones de Gramsci tales como cuando en polémica con la teoría de la revolución permanente de Trotsky afirma que: “Se podría decir que Brostein, que aparece como un ¨occidentalisia¨ es, al contrario, un cosmopolita, es decir, un hombre superficialmente nacional y superficialmente occidentalista o europeo. En cambio Ilich era profundamente nacional y profundamente europeo”. En la hora actual de América Latina la vía democrática hacia los objetivos de los trabajadores y de nuestros pueblos se expande, se ha convertido en experiencia histórica real de millones y millones de personas. Se advierte un resquebrajamiento en torno a las estructuras y los mecanismos sobre los que se construyó y reproducía el consenso político en torno a los grupos dominantes en los países del continente. Sin ingenuidad ni pangloseanismo; pero la obra parece indicar la necesidad de explorar la profundidad y avances de estos procesos hasta, como afirmaba Engels “se desborde el sistema de gobierno actual”. En particular en nuestro país el tema no es nuevo, la elaboración teórica y los linemientos estratégicos y tácticos sobre este tema tienen un recorrido de más de medio siglo. La realidad actual es la continuación de la obra consciente de decenas de miles de hombres y mujeres, no hay grandes rupturas ni sorpresas si seguimos el proceso de las últimas décadas que desembocó en la actual victoria popular. Mucho tuvo que ver el marxismo en la realidad que vivimos hoy (y ojalá, de nosotros depende mucho siga teniendo que ver). Pues creemos que el marxismo es un instrumento válido, imprescindible, para analizar el presente político del Uruguay y las posibles tendencias de su desarrollo. Para que el proceso prosiga su avance hacia la liberación nacional, la unidad latinoamericana y el socialismo. La aplicación consecuente de una concepción de la revolución permitió durante décadas forjar la unidad popular y acumular fuerzas que cristalizaron en la actual correlación de fuerzas social y políticas. La convicción sobre la necesidad de la defensa de la democracia, de la legalidad, de la utilización de los instrumentos legales, permitió el paulatino e ininterrumpido desquebrajamiento del consenso entorno a las formas de dominio político tradicional. Nada de esto se le regaló al FA, es el producto de su propia lucha. No estamos en las fronteras del socialismo, ni siquiera en lo que en otros tiempos definíamos como la etapa de liberación nacional. Quizás se podría decir que se trata de un momento de profundización de la consciencia democrática de los uruguayos que es expresión de un sentimiento de necesidad de cambios profundos. Se está produciendo un cambio político cualitativo de carácter eminentemente cultural en el sentido más amplio de la palabra, que está haciendo saltar por el aire el esquema de dominación político que sometió a las clases subalternas por más de un siglo; proceso que debemos profundizar. Sin duda, la dinámica que puedan asumir las transformaciones está fuertemente condicionada por las correlaciones de fuerzas internacionales y en particular regionales; y especialmente por los propios avances políticós de la izquierda a nivel de las grandes masas. Es imprescindible constituir un nuevo consenso político en torno a un bloque político social cuyo papel hegemónico corresponda a los trabajadores, los sectores populares y al FA y sus aliados, hegemonía capaz de desarrollar una amplia e inteligente política de alianzas o acuerdos. En este sentido nos permitimos anotar algunos aspectos que nos parecen básicos (por su puesto no trata de una lista acabada) para que este proceso de tránsito democrático conduzca al socialismo, es secundario el tiempo que insuma, al socialismo. En primer lugar la unidad y el papel protagónico de la clase obrera en general. El PIT-CNT ha demostrado ser y sigue siendo (incluso en los durísimos años noventa), el eje del movimiento popular uruguayo, expresión de la madurez de los trabajadores y conductor de una política de amplitud y unidad sobre las que se asentaron las principales victorias de nuestro pueblo. Otro punto que nos resulta clave es la unidad. No sólo se hace necesario mantener los niveles de unidad alcanzados sino profundizarlos. El debate ideológico y político debe encuadrarse en este marco unitario y las resoluciones expresar los consensos más amplios alcanzados en cada momento que garanticen la marcha unificada de las fuerzas revolucionarias y de izquierda. La democratización profunda de la sociedad civil y el estado. No dejar que se adormezcan las fuerzas del pueblo, antes bien llamarlas al protagonismo. La mayor democratización posible de todas las instituciones del estado, lo que no supone solo información sino la gestión mismas de las clases subalternas en todos los ámbitos (incluidos claro está la dirección de las empresas estatales). La experiencia en este rol de dirección formaría en la tarea de conducir el estado a amplias masas, “contaminando” cada vez más al estado burgués con la presencia en lugares claves de representantes de los trabajadores. Esto podría acelerar y fortalecer la construcción de una nueva hegemonía ético-política que podría comenzar a tornar irreversibles los cambios alcanzados. La discusión y elaboración de una política cultural y educativa acorde con los objetivos de Fa y sus aliados; con la sociedad, la ciudadanía y el hombre que se propone la izquierda; así como una política hacia las fuerzas armadas que las transformen en un componente coherentemente integrado de la democracia de nuevo tipo que se pretende construir. Ambos temas merecerían todo un capítulo aparte de discusión. Se trata de avanzar lo más rápido posible, pero siempre teniendo presente las enseñanzas de napoleón sobre como andar cuando se está urgido. A las masas no se las gana por decreto, ni las correlaciones de fuerzas o las dificultades objetivas se superan con proclamas por más frases revolucionarias que incluyamos. El pueblo uruguayo optó acertadamente por una vía original hacia el socialismo, el paso debe ser firme y seguro, pero todo indica que el proceso puede ser relativamente lento y largo. Todo intento de apresurar el paso arbitrariamente puede resultar erróneo. Para finalizar, los marxistas deben fomentar un espíritu democrático y abierto, el legado de Marx es de una riqueza incalculable. Como él afirmaba ellos habían puesto las primeras piedras de la nueva concepción del mundo. Por lo cual en torno al marxismo es natural que se desarrollen debates profundos y nuevas elaboraciones en todas las esferas del conocimiento. Sin embargo, hay algo que es indiscutible y que no admite más que una conducta política a partir del marxismo: el objetivo de toda la vida y de laceración intelectual de Marx fue derrotar a la sociedad burguesa, la emancipación de los trabajadores del mundo y la construcción de la sociedad sin explotados ni explotadores, comunista. En este sentido el mejor homenaje que se puede hacer a Marx se nos ocurre es contribuir a alcanzar estos objetivos y concluir repitiendo con Engels “Marx fue ante todo un revolucionario”.
Aldo Scarpa


hola aldo no inventes esta bien largo y yo queria saber el contexto social de carlos marx pero no lo encontre pero de todas formas te quedo chido
okis pues cuidate bye
[...] Leer artículo completo [...]
Excelente artículo. Si bien es discutible que las categorías particulares de análisis de Marx (por ejemplo, el proletariado) sigan teniendo una definición estable, es indudable que las formas de explotación siguen existiendo y en muchos casos se han agravado. Y mientras haya personas que no se contenten con mirar como ocurre, habrá marxismo.
Buen artículo.
Sin embargo hay un punto teórico que me interesa de sobremanera, y que no concuerdo con la forma que el artículo lo trata.
En los tiempos de Marx y Engels el término “ciencia” no significaba lo que hoy significa. Actualmente se refiere a una cierta actividad profesionalizada de producción de afirmaciones sobre el mundo, en la cuál pueden estudiarse claramente relaciones y determinaciones ideológicas y económicas diversas.
En los tiempos en que Marx y Engels comienzan a hablar de “socialismo científico” para referir a lo que hoy llamamos ciencia se hablaba aún de “filosofía natural”. Así, ciencia puede interpretarse mejor en un contexto marxista como “episteme”, como “saber cierto” e oposición a ideología, tal como el propio Marx la define.
Si entedemos que la producción intelectual de una época está determinada específicamente a ella y sus condiciones, entonces no podría existir ciencia, sino sólo ideología. Sin embargo si lo que entedemos -alejandonos de la desviación anterior que no atribuyo al artículo- es que las condiciones de una época marcan un condicionamiento fuerte, que puede ser superado mediante la concepción dialéctica de la historia, entonces el marxismo se eleva como LA ciencia.
Y sólo el marximo, en este sentido de episteme, sería ciencai.
Por lo tanto, si mi interpretación es correcta, lo que indica Marx es la necesidad del desarrollo teórico para posibilitar la instancia revolucionaria, y no que “las ciencias” tengan en sí ningún potencial revolucionario.
Gracias por sus comentarios. Se los hare llegar al autor del artículo Aldo Scarpa y en cuanto tenga alguna respuesta de su parte la publicare.
Muchas gracias nuevamente.
Pablo Mazón
Reactor responsable …noesfacil
Sara, aprende a escribir: tal vez (y sólo tal vez) así podrás exponer tus ideas con el rigor que merecen. Si es que merecen siquiera la pena.
Muy buen articulo y aunque no esten de acuerdo algunos yo te felicito todo esta muy bien siguele asi y sabras llegar muy alto, mas alto que las nubes.
Bueno en tu imaginacion y en tus trabajos.
ADIOS BYE